Reyes Magos: fantasía infantil y la verdad que llega demasiado pronto

El Día de Reyes ocupa un lugar singular en la experiencia infantil. Más que una tradición, funciona como un escenario fantasmático en el que se entrelazan deseo, espera y promesa. Los Reyes Magos no sólo traen regalos: traen la ilusión de que existe un Otro benevolente, atento, omnisciente, capaz de reconocer lo que se ha deseado en silencio. Esta escena resulta especialmente rica para pensar la fantasía infantil y el papel de los adultos en su sostenimiento.

Para el niño, la existencia de los Reyes Magos no se vive como una simple historia, sino como una verdad psíquica. No importa si “existen” en términos reales; existen en la medida en que organizan el deseo, la espera y la conducta. Dormir temprano, dejar agua o comida, escribir una carta: todos estos actos construyen un pequeño ritual que ordena la experiencia y da forma a la expectativa. La fantasía no engaña al niño; por el contrario, le ofrece un marco simbólico para tramitar el deseo y la falta.

Aquí aparece la llamada mentira piadosa de los padres. Lejos de ser un engaño cínico, suele estar animada por el deseo de proteger la ilusión, de preservar un tiempo en el que no todo debe ser explicado ni desmentido de inmediato. El adulto sostiene la ficción no sólo para el niño, sino también para sí mismo, como si en ese gesto intentara prolongar un espacio donde el mundo aún puede ser mágico.

El momento en que el niño descubre que los Reyes Magos no existen marca una experiencia ambigua. Por un lado, hay decepción; por otro, hay un primer encuentro con la caída del Otro, con la idea de que quienes cuidan también pueden ocultar, inventar o callar. Esta revelación no es necesariamente traumática; puede ser, si está acompañada, una vía de acceso a una verdad más compleja: que el amor no se mide por la literalidad de lo dicho, sino por la función que cumple en la constitución subjetiva.

Desde esta perspectiva, la pregunta no es si los padres deben “decir la verdad” cuanto antes, sino qué lugar ocupa la fantasía en el desarrollo psíquico. El problema no es la mentira en sí, sino el modo en que se cae y lo que queda cuando cae. Porque toda infancia implica, tarde o temprano, descubrir que el mundo no funciona exactamente como se prometía.

Pensar los Reyes Magos desde el psicoanálisis nos lleva entonces a una pregunta inevitable: cuando los adultos sostienen esta ficción, ¿están engañando al niño o están ofreciéndole una escena necesaria para que pueda, más adelante, tolerar la pérdida de la ilusión sin perder el deseo?



Comentarios

  1. Hasta los 10 años de edad les sostuve a mis hijos la idea de Los Reyes Magos. Después, aproximadamente en el mes de octubre, los invito a dar un paseo, ahí les explico que la etapa de la infancia es mágica, pero a partir de la pre adolescencia y más adelante habrá que vivirla con verdades. Les explico que todas las etapas son bonitas, pero con tiempo para todo: "Tiempo de fantasias, tiempo de realidades". Con eso, según yo, excuso mi mentira dándole una validez para que mis hijos vean que por amor, soy capaz de todo. Aun así es difícil desenmascarar su verdad. 😥

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

¿Cuál es la diferencia entre psicología clínica, psicoterapia, psicoanálisis y psiquiatría?

¿Por qué repito lo que me hace daño?

¿Cuándo deberías acudir a psicoterapia?