Jean-Bertrand Pontalis y el psicoanálisis de lo que no se deja decir
El 15 de enero nació Jean-Bertrand Pontalis, una de las figuras más singulares del psicoanálisis francés, no tanto por la creación de nuevos conceptos, sino por su manera de pensar la experiencia analítica desde el límite del lenguaje. Leer a Pontalis es encontrarse con un psicoanálisis que no pretende dominar su objeto, sino bordear aquello que se resiste a ser nombrado.
Su interés por la escritura no fue accidental. Para Pontalis, escribir sobre psicoanálisis no era explicar, sino ensayar una forma de decir lo que ocurre en la experiencia clínica sin traicionarla. De ahí su estilo cuidadoso, casi literario, que rehúye las fórmulas cerradas y privilegia la pregunta sobre la afirmación. El analista aparece así más como un lector que como un intérprete omnisciente.
Otra de sus contribuciones centrales fue pensar el lugar de la memoria y del tiempo en el análisis. Pontalis mostraba cómo el pasado no retorna como un recuerdo ordenado, sino como una irrupción, una imagen suelta, un afecto sin historia. El trabajo analítico no consiste entonces en reconstruir fielmente lo ocurrido, sino en permitir que algo de esa experiencia encuentre una forma simbólica, aunque sea incompleta.
En una época marcada por la prisa y la exigencia de resultados visibles, la lectura de Pontalis resulta especialmente actual. Su obra recuerda que el psicoanálisis no avanza por acumulación de saber, sino por la apertura a lo desconocido, por la capacidad de sostener lo que no se entiende del todo. Pensar su legado hoy conduce inevitablemente a una pregunta: ¿qué lugar estamos dispuestos a darle, en la clínica y en la vida cotidiana, a aquello que no se deja decir sin ser empobrecido por la explicación?
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