¿Puede un análisis realmente terminar?

Con frecuencia surge la pregunta: ¿puede un análisis realmente terminar?
Desde mi perspectiva, sí: un análisis puede llegar a su fin, pero el análisis nunca concluye del todo. Un proceso puede cerrarse porque se alcanzó un punto de elaboración, porque la transferencia cumplió su función o simplemente porque las circunstancias cambiaron. Pero eso no significa que el trabajo del análisis haya terminado en el sujeto.

Pienso que el análisis se asemeja al viaje de Dante en La Divina Comedia. Acompañado por Virgilio, Dante atraviesa el Infierno y parte del Purgatorio; su guía lo orienta, le ofrece palabras para comprender y nombrar lo que ve. No obstante, llega un momento en que Virgilio ya no puede seguir. Lo acompaña hasta donde le es posible y luego debe retirarse.

El viaje de Dante continúa. Todo lo aprendido junto a su maestro se transforma en su propio modo de mirar, escuchar y de avanzar. Así sucede también en un análisis: llega un punto en que el analista debe quedar atrás, pero el analizante sigue su camino, transformado por la experiencia, capaz de sostener su deseo con una voz más propia.

El sujeto ha aprendido a escucharse de otro modo, a preguntarse, a reconocer sus propios enigmas. El analista deja de ser necesario como figura externa, porque algo de esa función ha sido incorporado. La escucha se vuelve interna, y el diálogo analítico se prolonga en silencio, en los actos cotidianos, en las decisiones, en los encuentros con los otros.

Como Dante al final de su viaje, cada analizante debe hallar su propio paraíso. Y quizá esa sea la verdadera meta: no cerrar la búsqueda, sino continuar  en el camino.

¿Tú qué piensas? ¿Crees que el análisis puede concluir alguna vez?
Te invito a dejar tu comentario y compartir este texto si resonó contigo.


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