¿Puede un análisis realmente terminar?
El viaje de Dante continúa. Todo lo aprendido junto a su maestro se transforma en su propio modo de mirar, escuchar y de avanzar. Así sucede también en un análisis: llega un punto en que el analista debe quedar atrás, pero el analizante sigue su camino, transformado por la experiencia, capaz de sostener su deseo con una voz más propia.
El sujeto ha aprendido a escucharse de otro modo, a preguntarse, a reconocer sus propios enigmas. El analista deja de ser necesario como figura externa, porque algo de esa función ha sido incorporado. La escucha se vuelve interna, y el diálogo analítico se prolonga en silencio, en los actos cotidianos, en las decisiones, en los encuentros con los otros.
Como Dante al final de su viaje, cada analizante debe hallar su propio paraíso. Y quizá esa sea la verdadera meta: no cerrar la búsqueda, sino continuar en el camino.
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