La sombra del padre: Porfirio Díaz y la autoridad en el inconsciente mexicano
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Porfirio Díaz ocupa un lugar singular en el inconsciente histórico de México. Su figura, mitad mito y mitad fantasma, sigue produciendo fascinación y repulsión. Puede pensarse que Díaz encarnó el papel del Padre primordial: aquel que concentra el poder, la ley y el goce. Su presencia representó orden, progreso y estabilidad, pero también exclusión, sometimiento, muerte y silencio. En torno a él se organizó una relación de obediencia y temor que marcó profundamente la manera en que los mexicanos se vincularon con la autoridad.
Ese retorno del padre, bajo nuevas formas, habla de una elaboración incompleta del duelo por la autoridad perdida. En ciertos discursos contemporáneos, se idealiza a Díaz como símbolo de orden y progreso, negando la violencia y desigualdad de su régimen. Esta idealización no es sólo política, sino también psíquica: revela la añoranza por una figura que garantice la ley y la seguridad, una defensa frente al desamparo y la incertidumbre. Freud diría que el deseo infantil de un padre fuerte reaparece cada vez que la comunidad se siente amenazada.
Porfirio Díaz, entonces, no pertenece únicamente a la historia, sino también al ámbito de lo inconsciente. Representa la tensión eterna entre libertad y obediencia, entre la necesidad de la ley y el impulso de desafiarla. Su sombra persiste porque encarna algo más profundo que un periodo político: el deseo ambivalente de ser gobernados y, al mismo tiempo, de liberarnos de quien gobierna.
¿Tú qué piensas? ¿Seguimos buscando, de manera inconsciente, el regreso de ese padre que una vez derrocamos? Te invito a dejar tus comentarios y a compartir este texto si te ha hecho reflexionar sobre las huellas psíquicas del poder en nuestra historia.
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A veces idealizamos figuras del pasado como puede ser un padre autoritario porque, cuando los gobernantes no ofrecen seguridad, aparece una necesidad muy básica: sentirnos protegidos. Cuando la realidad se vuelve incierta, buscamos a alguien que dé orden, seguridad y dirección. No es tanto nostalgia por un líder específico, sino por la necesidad de sentirnos protegidos.
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