Duelo y repetición: ¿por qué necesitamos recordar a los muertos?
Cada año, el Día de Muertos nos invita a abrir un espacio donde los vivos y los ausentes parecen encontrarse. Colocamos fotografías, flores y alimentos, encendemos velas, y en ese gesto ritual repetimos una escena ancestral: traer de vuelta, aunque sea simbólicamente, a quienes ya no están. Pero ¿qué significa esta necesidad de recordar? El recuerdo no es sólo una evocación del pasado, sino una forma de elaborar la pérdida, de transformar el dolor en memoria compartida.
Freud señalaba que el duelo es un proceso en el que el sujeto, poco a poco, retira la carga afectiva de la persona perdida para reinvertirla en la vida. Sin embargo, este trabajo no se realiza en silencio: requiere palabras, gestos y repeticiones. El ritual funciona como un contenedor simbólico del dolor. Al repetir ciertos actos —prender una vela, cocinar el platillo favorito del difunto, adornar con cempasúchil— el sujeto reinscribe la pérdida en un marco cultural que le da sentido. No se trata de olvidar, sino de dar un lugar psíquico al ausente, permitiendo que la vida continúe sin negar la huella del otro.Las tradiciones, en este sentido, son una forma de mediación entre la muerte y la vida. Ofrecen una vía para hablar con los muertos sin quedar atrapados en ellos, para llorarlos sin quedar consumidos por la melancolía. Recordar es también aceptar que hubo amor, que hubo vínculo, y que ese vínculo puede permanecer en otro registro: el del símbolo, la palabra, la memoria. En el altar, lo ausente se vuelve presencia, pero ya no desde la desesperación, sino desde el reconocimiento amoroso de lo que fue y lo que aún nos habita.
En este Día de Muertos, más allá de la tradición, podríamos preguntarnos: ¿a quién recordamos cuando encendemos una vela?, ¿qué parte de nosotros regresa con ese gesto? Te invito a compartir en los comentarios tus pensamientos o experiencias sobre cómo el recuerdo y los rituales te han ayudado a elaborar la ausencia de quienes has amado. Tu palabra también puede ser un puente entre la pérdida y la vida.
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