El riesgo de esconder el dolor tras el conocimiento
Para Ele, con un abrazo fraterno
Ser psicólogo no nos exime del dolor. Aunque dedicamos años a estudiar la mente humana, el comportamiento, las emociones, los vínculos y las pérdidas, eso no nos vuelve inmunes al dolor. Al contrario: cuando el dolor nos toca se presenta con una complejidad particular. ¿Por qué? Porque sabemos demasiado. O, mejor dicho, creemos que saber nos protegerá de sentir.
Es común que, frente a una experiencia dolorosa —como una enfermedad grave de un ser querido, una pérdida o una ruptura—, los psicólogos en formación (y también los ya formados) recurramos inconscientemente a nuestras herramientas profesionales para evitar contactar con lo más difícil: la angustia, la tristeza, el miedo, la impotencia.Entonces decimos cosas como:
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“Estoy haciendo mindfulness para estar en el presente”.
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“Estoy aplicando técnicas de regulación emocional”.
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“Ya viví esto antes, así que sé cómo manejarlo”.
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“No necesito hablarlo, ya lo estoy trabajando internamente”.
Y, aunque estas frases pueden parecer señal de madurez emocional o autorregulación, a veces también son señales de una defensa psíquica: una forma sutil de intelectualizar o racionalizar el dolor, evitando el contacto directo con lo que duele.
Podríamos pensar que se activan mecanismos de defensa como la negación, la represión o la intelectualización. No porque seamos “malos psicólogos”, sino porque somos humanos, y en tanto humanos, también buscamos protegernos del sufrimiento cuando este amenaza con sobrepasarnos.
El conocimiento psicológico puede volverse, paradójicamente, una coraza. Una forma de mantenernos en control, de evitar mostrarnos vulnerables o pedir ayuda. Pero la salud mental no se construye únicamente con el saber; también se hace desde el sentir, el compartir y ser sostenido por otros.
Por eso es importante recordarnos que:
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Sentir miedo, tristeza o enojo no nos hace menos profesionales.
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Pedir ayuda tampoco nos debilita; al contrario, nos humaniza.
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Tener un espacio terapéutico propio no es opcional, es parte del cuidado ético que nos debemos a nosotros mismos y a quienes atendemos.
Porque cuando evitamos sentir lo que nos duele, tarde o temprano ese dolor busca otras salidas: en el cuerpo, en los vínculos, en el trabajo, o en un agotamiento emocional que no sabemos explicar.
Ser psicólogo no significa tener respuestas para todo. A veces, sólo significa tener el coraje de mirar hacia adentro, sin el disfraz del saber, y permitirnos también ser pacientes cuando lo necesitamos.
GRACIAS! Gracias por recordar el valor en aquello que no está escrito, y que sirve de puente pero no nos permite mirar el río, y definitivamente hay que cruzarlo. Tener apoyo profesional es el paso. Aceptar y permitir transitar el espacio. Valioso!
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