Infidelidad: lo que el deseo no dice en voz alta
La infidelidad es una experiencia que sacude profundamente: a quienes la viven, a quienes la sufren y a quienes la rodean. No hay una única forma de entenderla, ni una sola causa que la explique. Desde el psicoanálisis, no se trata simplemente de juzgar al “culpable” o consolar al “traicionado”, sino de abrir preguntas sobre lo que está en juego a nivel psíquico: ¿Qué empuja a una persona a ser infiel? ¿Qué falta intenta cubrirse con otro cuerpo, otra mirada, otra historia?
Una de las hipótesis centrales en psicoanálisis es que el deseo humano está marcado por la falta. No deseamos lo que ya tenemos asegurado, sino aquello que se nos presenta como ausente, inalcanzable o prohibido. En ese sentido, la infidelidad no siempre responde a una insatisfacción concreta con la pareja, sino a un conflicto interno: la dificultad para habitar el deseo dentro del compromiso, el miedo a la pérdida de libertad, o incluso la necesidad inconsciente de provocar una ruptura.
También hay casos en los que la infidelidad funciona como un mensaje, no del todo consciente: una manera de poner en escena un malestar, una herida previa o un reclamo que no logró decirse de otro modo. A veces, lo que se busca en el otro no es a otra persona, sino una versión distinta de uno mismo. Otras veces, se trata de repetir un patrón aprendido, o de encarnar un lugar de rivalidad, desafío o huida que tiene raíces más antiguas.
El dolor que provoca una traición amorosa es real, y merece ser atendido. Pero más allá del juicio moral, el psicoanálisis invita a explorar qué hay detrás del acto: ¿qué estructura psíquica lo sostiene?, ¿qué deseo se juega ahí?, ¿qué lugar ocupa el otro en mi mundo interno?, ¿qué me dice esto sobre mí mismo y sobre mis elecciones?
Buscar acompañamiento psicoterapéutico no se trata sólo de “superar” una infidelidad. Es una oportunidad para pensarse, para elaborar el dolor, y para entender que, en muchas ocasiones, lo que se rompe afuera tiene ecos de lo que ya estaba en tensión adentro. Porque el amor y el deseo no siempre van de la mano, y entender esa diferencia puede ser el primer paso para no quedar atrapado en el mismo guion una y otra vez.
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